Biografia y Contexto historico:
Platón, nació en Atenas en el 427 a. de C. Su familia, de origen aristocrático, se decía emparentada con Codro, el último de los reyes de Atenas y por línea materna, con critias (uno de los treinta tiranos ) y Cármides. Antes de entablar relación con Sócrates, su maestro, el joven Platón dedicaba su tiempo a la poesía.
A partir del año 407 a.de C. vemos a Platón frecuentando el círculo socrático, en el que se mantendrá durante ocho años siguiendo sus enseñanzas.
En el 399 Sócrates es condenado por el Tribunal de los Quinientos a beber la cicuta. Platón no asistirá a los últimos momentos de su maestro.
Después, temiendo represalias sobre los seguidores de Sócrates y también por estar emparentado con los Treinta Tiranos, Platón viaja a Megara, encontrándose con Euclides el megárico.
Empezará una época viajera para el filósofo, que irá a Egipto y a la Cirenaica, donde probablemente entabla relación con Aristipo de Cirene y el matemático Teodoro. Marcha después al sur de Italia , donde entra en contacto con la comunidad pitagórica y, en especial, con Arquitas de Tarento. El pitagorismo tendrá una enorme influencia en la filosofía de Platón.
En el 388 el filósofo viaja a Sicilia invitado por el tirano Dionisio I. Platón intenta influir en sus ideas políticas y filosóficas con la esperanza de poner en marcha su ideal de ciudad. Sin embargo, las susceptibilidades que despierta en Dionisio terminan por desterrarle de Siracusa.
En el camino de vuelta a Atenas, una tradición supone que Platón es capturado en Egina y vendido como esclavo por unos piratas o, según otras fuentes, por órdenes del mismo Dionisio. Es comprado por el cirenaico Anniceris, que le pone en libertad. Después de este hecho insólito, Platón vuelve a Atenas donde funda la primera gran escuela (o universidad) de la antigüedad: La Academia. Allí impartirá sus clases y se rodeará de discípulos en una especie de comunidad que tiene bastantes similitudes con las establecidas por los pitagóricos.
En el 367 muere Dionisio I y le sucede su hijo, Dionisio II, que volverá a llamar a Platón. Viaja pues, de nuevo a Sicilia, entablando una gran amistad con Dión, cuñado del anterior tirano e intenta de nuevo que el tirano aplique en su ciudad su ideal político de ciudad, pero las tensiones no se hacen esperar y Dionisio destierra a Platón y a Dión de la ciudad. El filósofo vuelve a Atenas, donde continua su labor docente y creadora hasta que en el año 361 es invitado una vez más por Dionisio II. Ya en Siracusa vuelven a surgir desavenencias entre los ideales de Platón y la política del tirano. Este último termina por retenerle obligatoriamente hasta que Platón es liberado con la intervención de Arquitas.
De vuelta en Atenas, redacta sus últimas obras, algunas de las cuales presentan cierto pesimismo. Platón muere en el año 347 a.de C. Su sobrino Espeusipo le sucederá en la dirección de la Academia.
Dualismo platonico y antropologia:
la concepción platónica del hombre va a presentar un acentuado dualismo, una escisión entre dos partes íntimas pero irreconciliables en el ser humano: el cuerpo, que representa nuestra materialidad, la corporeidad que nos sitúa como algo más dentro del mundo sensible y el alma, que es aquello que nos hace propiamente hombres; seres distintos al resto de lo existente, intermediarios entre lo puramente material y lo divino: lo espiritual, lo racional.
El hombre es concebido como un compuesto accidental de estas dos substancias: psichésoma (cuerpo). (alma) y
El alma es preexistente al cuerpo e inmortal y tiene como lugar natural el mundo suprasensible de las ideas.
El cuerpo es la cárcel del alma durante su existencia terrena, y constituye un estorbo para el alma que, con sus pasiones, la arrastra a la extrañeza de lo material, impidiéndole su hacer propio: la contemplación de las ideas. El ideal de hombre en Platón es una inteligencia pura desligada de la carnalidad. Por eso, el filósofo no ha de temer la muerte:
La inmortalidad del alma platónica constituyó una novedad filosófica en su época. Una doctrina extraña a los griegos proviniente del orfismo y el pitagorismo y que va a permitirle al autor establecer la posibilidad de que los hombres conozcan lo verdaderamente real, las ideas, escapando así de lo puramente fenoménico.
El hombre puede conocer la verdad porque no es un elemento más de la materialidad siempre fluyente, a la deriva en el ámbito de la sensibilidad. El hombre es un ser privilegiado, consciente del distinto lugar que ocupa dentro del cosmos; partícipe de una inteligencia (el fuego divinino prometeico) que no es de este mundo. Su naturaleza es puramente racional, un modo de ser intermedio : ni pura sensibilidad ni pura materialidad
Platón estableció una división tripartita del alma:
DIVISIÓN TRIPARTITA DEL ALMA EN PLATÓN
PARTES DEL ALMA
RACIONAL
(nous, lógos)
IRASCIBLE
(Thymós)
APETITIVA
(epithymía)
CARÁCTER
Inmortal
Mortal
Mortal
SITUACIÓN
Cabeza
Tórax
Estómag
VIRTUDES
Prudencia, sabiduría
(Phrónesis, sophía)
Fortaleza, valor
(andreía)
Templanza
(Sophrosyne)
CLASES SOCIALES
Gobernantes-filósofos
Guardianes
Productores
A cada tipo de alma le pertenecen unas características esenciales propias. La clasificación es, por tanto, cualitativa.
El alma superior, propia y exclusiva del hombre es la racional. Ésta es inmortal y se halla ubicada en la cabeza.
Las otras dos almas, la irascible y la concupiscible (o apetitiva) son mortales y se hallan situadas respectivamente, en el tórax y en el abdomen.
El hombre es propiamente su alma, no su cuerpo. Nuestra naturaleza propia es la racionalidad, lo único que puede distinguirnos de los demás animales. En tanto que cuerpo, no somos nada distinto de aquéllos.
Esta división tripartita le permite al filósofo, por una parte, dar cuenta de ciertas tentencias e instintos humanos y, por otra parte, jerarquizar a la sociedad en distintas clases sociales según la naturaleza propia de cada quién, que viene determinada por el mayor peso o predominio de un tipo de alma u otro.
La desigualdad social tiene, según Platón, un origen natural (véase el apartado dedicado a la ética y la política).
Teoria del conocimiento:
La realidad se nos muestra plural, efímera, múltiple, en un devenir constante de seres heterogéneos e, incluso, contrarios. ¿Cómo poder conocer esa realidad tan inestable? ¿Cómo poder aprehenderla si se halla en continuo cambio?
Ha de haber algo que permanezca siempre, que sea estable y que nos permita diferenciar a unos seres de otros para poder pensarlos y reconocerlos. Si no, ¿Cómo podríamos saber, por ejemplo, que un acto es valeroso o que un objeto es azul?
Tiene forzosamente que existir el valor mismo, el valor en sí, absoluto, para que yo pueda referirlo a las distintas acciones que se realicen y que sean tales. Tiene que existir lo azul en sí para que yo pueda reconocer como azul un objeto cualquiera.
Estos conceptos absolutos (lo Azul en sí, el Valor en sí, lo Justo en sí), son denominados por Platón IDEAS y éstas responden a la pregunta socrática ¿Qué es? Es decir, preguntan por la determinación o esencia de de cada cosa: el ser propio de cada cosa, lo que hace que cada cosa sea lo que es (valerosa, azul, justa, etc. ).
Pues bien, precisamente para Platón la verdadera realidad son las ideas, también llamadas FORMAS, ya que no sólo hacen que podamos conocer las cosas, sinó que son las responsables de que esas mismas cosas existan materialmente, tal y como las conocemos. Las ideas son las causas directas de la existencia de todas las cosas: lo material o natural y lo moral.
Con ello Platón intenta conciliar lo absoluto (el ser de Parménides), con lo múltiple: la realidad material siempre cambiante que es nuestro mundo (Heráclito), la naturaleza, lo cual producirá una profunda escisión, un dualismo entre dos realidades irreconciliables entre sí:
A. Mundo inteligible o de las ideas : eterno, inmutable, inmaterial, imperecedero. Es la región de las ideas o formas. Estas constituyen la verdadera realidad, el ser de lo real, las esencias de todo lo existente, no perceptibles por los sentidos, sino sólo cognoscibles por el entendimiento humano.
B. Mundo sensible : mundo material, mudable, perecedero, de la mera apariencia. Adquiere su ser participando de lo absoluto de la idea. Las cosa imitan a las ideas, participan, para ser, de las esencias inmutables. Si las ideas están separadas de las cosas ¿Cómo es posible conocer éstas a través de las cosas mismas? Platón abordará este problema desde tres aspectos u ópticas diferentes:
1.
LA REMINISCENCIA
2.
LA DIALÉCTICA
3.
EL AMOR
LA REMINISCENCIA
El alma, antes de unirse a un cuerpo, habitaba el mundo de las ideas, dedicándose a su contemplación. Una vez en el cuerpo, el alma olvida todo lo que conocía. Con ocasión del conocimiento sensible va recordando ese mundo eidético, reduciendo la multiplicidad de los objetos a la unidad de la idea. Por lo tanto, conocer es recordar. Hacer memoria de lo ya sabido.
REMINISCENCIA E INMORTALIDAD DEL ALMA
” Cebes, interrumpiendo a Sócrates le dijo: – lo que dices en un resultado necesario de otro principio que te he oído muchas veces sentar como cierto, a saber: que nuestra ciencia no es más que una reminiscencia. Si este principio es verdadero, es de toda necesidad que hayamos aprendido en otro tiempo las cosas de que nos acordamos en éste; y esto es imposible si nuestra alma no existe antes de aparecer bajo esta forma humana. Esta es una nueva prueba de que nuestra alma es inmortal.
Simmias, interrumpiendo a Cebes, le dijo:
- ¿Cómo se puede demostrar este principio? Recuérdamelo, porque en este momento no caigo en ello.
- Hay una demostración muy preciosa- respondió Cebes- y es que todos los hombres, si se los interroga bien, todo lo encuentran sin salir de sí mismos, cosa que no podría suceder si en sí mismos no tuvieran las luces de la recta razón. En prueba de ello, no hay más que ponerles delante figuras de geometría u otras cosas de la misma naturaleza, y se ve patentemente esta verdad.
- Si no te das por convencido con esta experiencia, Simmias-replicó Sócrates-,mira si por este otro camino asientes a nuestro parecer.¿Tienes dificultad en creer que aprender no es más que acordarse?
- No mucha-respondió Simmias-; pero lo que precísamente quiero es llegar al fondo de ese recuerdo de que hablamos; y aunque gracias a lo que ha dicho Cebes, hago alguna memoria y comienzo a creer, no me impide esto el escuchar con gusto las pruebas que tú quieres darnos.
-Hélas aquí-replicó Sócrates-. Estamos conformes todos en que, para acordarse, es preciso haber sabido antes la cosa de que uno se acuerda. -seguramente.
-¿Convenimos igualmente en que cuando la ciencia se produce de cierto modo es una reminiscencia? Al decir de cierto modo, quiero dar a entender, por ejemplo, como cuando un hombre, viendo u oyendo alguna cos, o percibiéndola por cualquier otro de sus sentidos, no conoce sólo esta cosa percibida, sinó que al mismo tiempo piensa en otro.”
LA DIALÉCTICA
Al tener que contar con la materia, las ideas no se realizan perfectamente en este mundo nuestro, sino de una manera torpe y aproximativa: aquí no hay “lo azul” en sí, sino miles de tonos y matices que intentan realizar la idea de “lo azul” sin lograrlo. La imperfección no es de la idea, sino de la copia materializada que nosotros percibimos.
La dialéctica platónica se puede entender en dos sentidos:
como el auténtico conocimiento del filósofo, es decir, dedicado a la intuición pura de las ideas; y como el método de la filosofía: el camino para alcanzar el verdadero conocimiento.
En “La Republica” nos dice Platón que en el conocimiento es posible distinguir diversos grados que se correlacionan con distintos grados de realidad:
Por una parte tenemos el mundo de la doxa, opinión, que es el conocimiento sensible de las cosas corpóreas y sus sombras y reflejos. Abarca la creeencia y la imaginación. Estos grados de conocimiento versan sobre la pura apariencia, y por lo tanto, no proporcionan un conocimiento verdadero ni fiable.
Otro grado de conocimiento sería la episteme, es decir, el conocimiento científico de la realidad. Abarcaría la diainoia o razón discursiva del matemático y la nóesis o dialéctica propiamente dicha, que es el conocimiento puro de las ideas.
La imaginación (Eikasia) es el conocimiento menos cierto, pues versa sobre copias (el mundo físico) de una copia o reflejo de lo real (las ideas).
El reflejo de un pájaro en las aguas de un lago sería una imaginación y ontológicamnte este tipo de entidad no tiene casi ser.
La creencia (Pistis) es el grado de conocimiento que se corresponde ontológicamente con el mundo físico y abarca tanto los seres orgánicos e inorgánicos como los seres artificiales y creados por el hombre. La física no es una ciencia de lo real, sino de la apariencia de realidad y, como tal, no aporta verdades necesarias y absolutas. Platón no otorga el título de ciencia a la física, sino de opinión (doxa).
Lo real es lo invisible para los ojos carnales, pero visible para los del alma. El conocimiento verdadero es únicamente inteligible: accedemos a él a través de la razón, del entendimiento y no de la sensación. Por eso Platón es considerado un idealista: porque en su filosofía prima lo formal (esencial, eidético) sobre lo material y físico propio de la sensación (aísthesis).
Si queremos conocer algo con verdad (alétheia) debemos alejarnos lo más posible de la información obtenida a través de los órganos sensoperceptuales. Todo lo que de universal y necesario encontramos en las cosas no lo aprehendemos a través de nuestra experiencia sensible, sino mediante el ejercicio puro de la razón (nous). En esto consiste la ciencia o episteme platónica: salvar las apariencias buscando principios absolutos y permanentes donde detenerse. Sin ciencia (basada en esencias, ideas) no sería posible establecer leyes y el mundo sería como un barco a la deriva en el Caos. La existencia de las ideas no sólo salva nuestro conocimiento de la realidad frente a las apariencias, sino que salva al mundo del Caos, otorgándole orden y racionalidad: Las cosas son como tienen que ser, esto es: como la idea determina y condiciona que sea.
EL AMOR (EROS)
Eros, el amor, es un daimon, un ser intermedio entre dioses y hombres. Por su genealogía, Eros se halla en una situación parecida a la que tiene el hombre respecto al conocimiento, situado entre la ignorancia y la sabiduría.
De la misma manera que sólo ansía saber aquel que no es absolutamente ignorante (y por lo tanto no sabe de qué carece) ni absolutamente sabio (pues ya no tendría necesidad de saber nada más), el amor es aspiración al saber y apetito de belleza.
Hijo de la pobreza y de la riqueza, el amor es un impulso hacia aquello que le falta: es pobreza de todo lo bueno y bello que existe, y por ello impulso hacia aquello de lo que se carece.
¿Por qué Eros es amor a la belleza?
Para un griego como Platón lo bello no es “lo bonito”. No es este un asunto meramente estético. La belleza es el resplandor de la idea en la cosa. Es «presencia», aparecer de la presencia misma de la idea en la cosa misma (mero reflejo de una idea). Esto es, precisamente, lo que la hace bella “estéticamente”. Las cosas son bellas porque nos transportan fuera de lo inmediato y material, a través de ese resplandor de la idea en lo material. Por eso, Eros implica una ascensión desde las cosas materiales hasta las ideas mismas. Las cosas hacen de peldaños, de escalones hasta las ideas, ya que reflejan a las ideas mismas y nos permiten su contemplación y desocultación, mostrándonos la diferencia misma entre el mundo material y el mundo inteligible.
El amor une el mundo divino y el humano; comunica el “espacio”, el vacío que media entre el mundo sensible y el inteligible, de tal manera que todo queda ligado.
En este sentido es un ser intermedio de la misma manera que lo es el alma: aquello que media entre el mundo inteligible y el mundo sensible: el alma comunica a los hombres con la región divina de las ideas. Con sus idas y venidas, lo eidético se hace visible a los ojos del alma.
Eros es por eso una desmesura: una locura que nos muestra la fractura de nuestra propia realidad.
Ética y Politica:
a ética platónica mantiene una estrecha relación con su visión antropológica y metafísica. Alma y cuerpo constituyen dos elementos no sólo distintos, sino irreconciliables entre sí: el cuerpo es la cárcel del alma, el lugar donde ésta se hace esclava de lo material y lo pasional. Mientras el hombre permanezca ligado a su cuerpo, se encontrará incapacitado para la felicidad y para el verdadero conocimiento. Alcanzar estos sólo será posible si dominamos nuestra parte material.
LA VIRTUD COMO SABIDURÍA
A la doctrina que equipara sabiduría y virtud se la denomina intelectualismo ético y ya fue formulada por Sócrates, en un intento de superación del relativismo de los Sofistas. Los conceptos morales no son fruto de una convención o pacto entre hombres, ya que se refieren a realidades existentes y permanentes (ideas) que son independientes de la razón y la voluntad humanas. Sin embargo, es a través de la razón como el hombre puede tomar contacto con la realidad moral, realizándola en su persona.
A la manera socrática, Platon afirma que sólo el sabio es el virtuoso, porque únicamente conociendo qué es la virtud, es decir, la idea a la que se refiere el concepto “virtud”, hay posibilidad de serlo en la vida práctica. El saber y la virtud coinciden y se necesitan recíprocamente.
Lo Justo en sí, la bondad en sí, la prudencia, etc., esto es, los valores morales existen por sí mismos, y por ello es posible definirlos objetivamente y, una vez conocidos, llevarlos a cabo en la vida práctica. El sabio no podrá ser malo, ya que el mal es fruto de la ignorancia, un defecto que no radica en nuestra naturaleza sino en el no cumplimiento de lo esencial de nuestra naturaleza (la racionalidad).
LA VIRTUD COMO PURIFICACIÓN
Aquí reaparece con toda violencia el antihedonismo platónico: los placeres materiales y corporales no sólo no coducen a la felicidad, sino que incluso nos la impiden. Virtuoso y feliz será aquel que purifique su alma de las pasiones y “desórdenes” del cuerpo y se vuelque hacia el mundo eidético, el único capaz de realizar humanamente a el hombre.
“Purificarse es separar lo más posible el alma del cuerpo, acostumbrar al alma a dejar la envoltura del cuerpo, para concentrarse en sí misma, a solas consigo” (Fedón, 67,e.)
“La realidad verdadera es que la templanza, la justicia y la virtud no son sino purificaciones de todas las pasiones, y hasta el pensamiento es quizá un medio de purificación” (Fedón, 69,b.)
LA VIRTUD COMO ARMONÍA ENTRE LAS TRES PARTES DEL ALMA
La virtud puede entenderse tambien como un equilibrio y armonía entre las distintas partes del alma. Debe desarrollarse tal acuerdo entre ellas que se unifiquen los distintos elementos que conforman el compuesto humano, sometiéndolos a la razón. Es esta la única que puede regir esta armonización:
La razón no tiene más que un camino a seguir en sus indagaciones; mientras tengamos nuestro cuerpo, y nuestra alma esté sumida en esta corrupción, jamás poseeremos el objeto de nuestros deseos; es decir, la verdad.
En efecto, el cuerpo nos pone mil obstáculos por la necesidad en que estamos de alimentarle, y con ésto, y las enfermedades que sobrevienen, se turban nuestras indagaciones. Por otra parte, nos llena de amores, de deseos, de temores, de mil quimeras y de toda clese de necesidades; de manera que nada hay más cierto que lo que se dice ordinariamente: que el cuerpo nunca nos conduce a la sabiduría. Porque ¿de dónde nacen las guerras, las sediciones, los combates? Del cuerpo, con todas sus pasiones. En efecto; todas las guerras no proceden sino del ansia de amontonar riquezas, y nos vemos obligados a amontonarlas a causa del cuerpo, para servir como esclavos a sus necesidades.
He aquí por qué no tenemos tiempo para pensar en la filosofía; y el mayor de nuestros males consiste que en el acto de tener tiempo y ponernos a meditar, de repente interviene el cuerpo en nuestras indagaciones, nos embaraza, nos turba y no nos deja discernir la verdad. Está demostrado que si queremos saber verdaderamente alguna cosa, es preciso que abandonemos el cuerpo, y que el alma sola examine los objetos que quiere conocer. Sólo entonces gozamos de la sabiduría, de que nos mostramos tan celosos; es decir, después de la muerte, y no durante la vida. La razón misma lo dicta : porque si es imposible conocer nada en su pureza mientras vivimos con el cuerpo, es preciso que suceda una de estas dos cosas: o que no se conozca nunaca la verdad, o que se conozca después de la muerte, porque entonces el alma, libre de esta carga, se pertenecerá a sí misma; pero mientras estemos en esta vida no nos aproximaremos a la verdad sino en razón de nuestro alejamiento del cuerpo, renunciando a todo comercio con él y cediendo sólo a la necesidad.
PARTES DEL ALMA
RACIONAL
(nous, lógos)
IRASCIBLE
(Thymós)
APETITIVA
(epithymía)
CARÁCTER
Inmortal
Mortal
Mortal
SITUACIÓN
Cabeza
Tórax
Estómago
VIRTUDES
Prudencia, sabiduría
(Phrónesis, sophía)
Fortaleza, valor
(andreía)
Templanza
(Sophrosyne)
CLASES
SOCIALES
Gobernantes-filósofos
Guardianes
Productores
Esta división del alma le permitirá justificar la desigualdad social: ésta tiene un origen natural. Los hombres deben pertenecer a una clase social u otra dependiendo de la clase de alma predominante en ellos. En el cuadro de arriba se muestra un esquema de la correspondencia entre las clases de alma, sus virtudes inherentes y la clase social a la que pertenecen.

